
Su nombre es Sonia, tiene 23 años, y está en la fase de reinserción de su proceso de recuperación. Estuvo 13 meses en una institución llamada Casa Nazareth, en Cañada de Gómez, una pequeña localidad de la provincia de Santa Fe, Argentina. Su mirada es directa, suave y franca. Denota paz y serenidad, y asombra en un rostro tan joven y fresco.
– ¿Cómo decidiste acercarte a un programa de recuperación?
– Tenía 21 años. Consumía drogas desde hacía siete años, y en un momento de mi vida en que se me hizo insoportable la discriminación social hacia las personas adictas, un amigo me ayudó a decidirlo. Fue difícil en mi caso por ser mujer; no es tan común que mujeres adictas se recuperen de las drogas. Están mucho más marginadas que los hombres. Me costó muchísimo al principio, tanto en las actividades grupales como en la parte del trabajo de recuperación que tuve que realizar sola. Tuve que internarme lejos de mi casa, puesto que era la única institución mixta. Me sentí muy sola, en realidad, puesto que prácticamente no tenía visitas.