
El consumo continuado de cosas dulces puede considerarse en algunos casos una inquietud insana más que una preferencia alimentaria. Hay quienes no necesitan excusas para comer dulces y sienten una apetencia exagerada en cualquier momento.
Este antojo se entiende clínicamente como un deseo ferviente, más que un capricho pasajero. Además del riesgo evidente de aumentar de peso y realizar diabetes y caries, el consumo regular y exagerado de dulces reduce la capacidad del sistema inmunológico e impide a los glóbulos blancos realizar frente a contaminaciones bacterianas. El organismo también es más propenso a sufrir catarros e infecciones varias, como cistitis y vaginitis.
El ser humano siente una predilección especial por el dulce. Es más, este vocablo no sólo se utiliza para describir un sabor, sino que se asocia con sensaciones agradables y placenteras, como la mención a la “dolce vita” o la alusión a “tener dulces sueños”. Es el primer sabor con el que se entra en contacto gracias a la leche materna. A diferencia de la de otros mamíferos, concentra lactosa, un tipo de azúcar. Sin embargo la falta de control en el consumo de dulces puede derivar en obsesión. En el ámbito sanitario se ha bautizado como “sweet tooth” (diente dulce) a la apetencia exagerada por el dulce y las golosinas.
Científicos estadounidenses comprobaron que quienes sienten adicción por las dulzainas muestran también predilección por el consumo de frutas, alimentos dulces pero saludables. Peor es el resultado del consumo frecuente y desmedido de bebidas azucaradas entre horas -tanto refrescos como zumos de fruta- y el aumento de peso entre los niños, que se puede conservar en la edad adulta. La causa parece ser la elevada concentración de azúcares y energía y su baja capacidad de saciedad, que favorece que quienes las toman no compensen este consumo con una ingesta posterior más ligera.
CHOCOLATE. El deseo continuado y exagerado por comer alimentos concretos, en particular por el chocolate, es una compulsión crónica que afecta a un alto porcentaje de personas, sobre todo mujeres. Según un informe británico, hasta el 75% de las ciudadanas de Reino Unido admiten que tienen un verdadero conflicto para controlar el consumo de este dulce. El antojo por comer chocolate tiene una dimensión propia, incluso ocupa un lugar especial dentro de la dieta anglo-americana, tal y como detallan Leslie Gofton y Anne Murcott en el libro “Food cravings and addiction”, en un capítulo que estudia a fondo este antojo.
Numerosas personas experimentan una gran debilidad por el chocolate y este deseo no desaparece en el momento que tienen delante otros dulces. Ante su efecto en el comportamiento alimentario de parte de la población, sus componentes, juntos y por separado, son objeto de un estudio profuso, también desde el ámbito de la neurofisiología y la psiquiatría.
De acuerdo a muchos estudios, se establece que su acción puede desarrollarse tanto en un plano biológico como psicológico. La propuesta más citada es que los azúcares del chocolate aumentan el nivel de serotonina en el cerebro y, por esta razón, mejora el estado de ánimo.
DEPENDENCIA. La dependencia de los dulces genera en muchos casos síndrome de ansiedad, un malestar más común de lo que se admite, ya que a menudo se pasa por alto y no se entiende ni se trata bien. El ansia por la comida puede ser tan poderosa como una adicción al tabaco o al alcohol, y perder el hábito resulta difícil, aunque no imposible.
Una reciente investigación concluye que hay una variante genética para la percepción de la dulzura, que cambia según la etnia. Son los asiáticos y los africanos, en comparación con los europeos, que muestran una mayor preferencia. Es la primera vez que una diferencia genética semejante se ha sugerido para la percepción de la dulzura. En el estudio participaron 144 personas: 92 europeos, 37 asiáticos y 15 africanos. En él se analizó su sensibilidad a la sacarosa mediante la comparación de diferentes soluciones (varias concentraciones de azúcar diluida en agua) y se confirmaron diferencias de hasta un 16%.
Los estudios futuros intentarán aclarar cómo la cuestión genética unida a un tipo de alimentación con una carga alta de azúcares contribuye al desarrollo de diversas enfermedades como la obesidad, la diabetes o la caries, asociadas al abuso de este tipo de alimentos.
Vía | El País




