
Quizá hayas oído o leído en alguna parte que un mal ambiente en casa puede afectar al desarrollo de los hijos, o que los hijos de alcohólicos tienen mayor probabilidad de padecer el mismo trastorno. Si bien hay algo de cierto en esas afirmaciones, no te alarmes sin motivo… El alcoholismo como tal, no se “hereda”.
Sin embargo, es posible que estés preocupado por si tu enfermedad ha podido afectar a tus hijos de alguna manera. Algunos padres se preguntan…
¿Acaso mi comportamiento, en el momento que bebía, puede haber ocasionado algún trastorno en mis hijos?
Los niños tienen una gran capacidad de adaptación. A medida que te vayas recuperando de tu enfermedad, tu relación con ellos mejorará. Lo más probable es que si les muestras tu afecto y facilitas la comunicación, poco a poco las cosas irán volviendo a su cauce sin necesidad de intervención externa. Sin embargo, si percibes algún comportamiento extraño en tus hijos, no dudes en solicitar consejo profesional.
¿Les puede ocurrir a ellos lo mismo que a mí?
Es cierto que, si adquieren el hábito de consumir alcohol, los jóvenes con antecedentes familiares de alcoholismo tienen mayor probabilidad de padecer esta enfermedad que el resto de la población. Este hecho es debido a la confluencia de varios factores de riesgo, algunos propios del individuo y otros de su ambiente familiar y social.
Algunos de estos factores de riesgo pueden transmitirse genéticamente; por ejemplo, tener un organismo muy sensible a los efectos agradables del alcohol y muy poco sensible a los efectos desagradables. Esto hace que la persona beba cada vez más cantidad de alcohol sin sentir apenas los efectos de la intoxicación. Popularmente se conoce como “aguantar bien el alcohol” o “saber beber”, pero los efectos negativos del alcohol siguen produciéndose aunque la persona no se percate de ello, y acaban por afectar tanto al organismo como a las relaciones con los demás.
Sin embargo, el hecho de que una persona tenga mayor probabilidad de desarrollar un trastorno, no significa que tenga que ocurrir necesariamente. Piensa que:
- La presencia de factores de riesgo no es determinante para la aparición de un trastorno.
- Existen factores protectores que pueden contrarrestar los factores de riesgo. Algunos son factores propios del individuo, como tener buenas habilidades sociales, una adecuada autoestima, o información adecuada sobre los peligros de consumir drogas. Otros son factores del ambiente familiar, como conservar vínculos afectivos, actividades y celebraciones familiares, límites y normas coherentes, canales de comunicación abiertos, o supervisar las actividades de los hijos sin coartar su libertad.
- Hay programas preventivos en los que se enseña a los padres y a los hijos a reducir los factores de riesgo y a fomentar los de protección hacia las drogas.
¿Cómo lograr que los hijos aprendan de la experiencia de los padres?
Hablar con tus hijos de tu propia experiencia con el alcohol, puede ser muy útil, a pesar de que no es fácil. Puede ayudarte reflexionar previamente sobre algunos temas:
1. “Entender” la propia experiencia. Si deseas dialogar del alcoholismo y otras drogadicciones con naturalidad, sin vergüenza ni culpabilidad, el primer paso es admitir que el alcoholismo no es una debilidad personal ni moral, sino una enfermedad en la que el síntoma principal es la pérdida del control sobre el consumo de alcohol. Esta aceptación es un proceso que requiere tiempo y, generalmente, la ayuda de profesionales especialistas en el tema.
2. Facilitar la comunicación con los hijos. Si los hijos captan que en casa aceptamos que se expresen abiertamente, tendrán confianza para opinar, preguntar o contarnos sus problemas. Para facilitar esta comunicación es importante aprender a escucharles, manifestarles interés y respeto por sus ideas y reconocer abiertamente los propios errores y defectos. No les agobies con tus sospechas y miedos de adulto. Trata de ver las cosas “con sus ojos” de vez en cuando, y muéstrales que tratas de entenderles, aunque a veces no compartas totalmente sus ideas y opiniones.
¿Por qué conviene dialogar del alcoholismo?
Cuando el alcoholismo afecta a uno de los padres, incluso los hijos más pequeños captan detalles en las relaciones familiares que no acaban de entender. En muchas ocasiones, ni siquiera se atreven a preguntar qué ocurre. Algunos niños llegan a sentirse culpables de la situación familiar.
Los especialistas en alcoholismo recomiendan a sus pacientes que procuren prepararse para dialogar sobre las dudas y miedos de sus hijos con la mayor naturalidad posible, asegurándoles que ellos no son culpables de los problemas que han ocurrido en casa. La comunicación abierta sobre este tema suele estrechar los vínculos afectivos entre padres e hijos, ayuda al niño a entender el comportamiento de sus padres durante la enfermedad y aumenta su confianza en sí mismo y su autoestima.
¿Cuándo, cómo y por dónde empezar?
• Escoge un momento de tranquilidad, de distensión familiar. Una forma natural de comenzar una conversación sobre el alcohol u otras drogas es realizar un comentario sobre un anuncio o programa de TV, o sobre algún folleto informativo.
• Procura dialogar abiertamente sobre tus sentimientos hacia tus hijos y sobre tu preocupación por su salud y su bienestar.
• No trates de ofrecerles consejos moralistas o paternalistas. No les “persigas” para descubrir si toman alcohol, y no te alarmes si lo prueban. Muéstrales que entiendes y aceptas que son ellos los que deben decidir sobre su vida, y que confías en que conocer tu experiencia les ayudará a tomar decisiones que no pongan en peligro su salud y su libertad. Déjales claro que siempre podrán contar contigo para ayudarles ante cualquier problema.
• Recuerda que, incluso los más pequeños, pueden necesitar saber qué ha ocurrido en la familia para evitar pensar en ideas erróneas y sentirse culpables. Procura utilizar un lenguaje adecuado a la edad del niño, para que pueda comprender tus explicaciones.
¿Y si muestran enfado y resentimiento?
A ellos también les resulta difícil dialogar de estos temas. Durante algún tiempo han creído que no se debía dialogar de ello con nadie. Los adolescentes, incluso, pueden llegar a mostrarse excesivamente críticos con sus padres, hasta el punto de hacerles sentir mal. Esta actitud es propia de la edad. También puede ocurrir que, al principio de dialogar sobre este tema, muestren abiertamente la rabia y los reproches que han guardado durante algún tiempo, pero tarde o temprano acaban entendiéndolo todo y empiezan a recuperar una buena relación afectiva con sus padres. Y recuerda que, si tienes obstáculos para conseguir comunicarte con tus hijos o no sabes cómo explicarles tu experiencia, siempre puedes solicitar ayuda profesional.
Vía | Socidrogalcohol




