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Los barbituricos y los sedantes

Mateo13 de May de 2009

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Barbituricos

Los barbitúricos y los sedantes son los fármacos más utilizados en los países desarrollados. En 1887 se describieron los primeros cuadros de dependencias a tranquilizantes como el paraldehído, habiéndose extendido después a sustancias como cloral, barbitúricos, bromureído, diazepan, meprobanato, matacuolona, etc.

El consumo de estas sustancias está extendido en toda la población sin haberse detectado grupos sociales o de edad determinados, a pesar de que están más predispuestas las mujeres. En pequeñas dosis se usan como ansiolíticos, es decir, como fármaco que mitigan la angustia e intranquilidad, y en grandes cantidades sus efectos son embriagadores, similares a los que puede producir el alcohol.

La síntesis del primer barbitúrico se sitúa en 1863, habiendo en la actualidad más de 2.500 derivados de esta sustancia. El barbital o dietil-barbitúrico fue comercializado en 1903, teniendo gran difusión años después. Estas sustancias provocan una dependencia física y psíquica, así como tendencia a crecer el consumo por el grado de tolerancia que poseen.

Los sujetos con base neurótica son los más predispuestos a la dependencia de esta sustancia, al desear aliviar la ansiedad que sufren. La mortalidad por sobredosis es elevada, siendo el tipo de fármaco más usado para el suicidio. El consumo simultáneo con alcohol es frecuente, creando interacciones potenciadoras de los efectos de ambas drogas, caracterizadas por trastornos en la coordinación psicomotriz y por el descenso del nivel de conciencia. A grandes dosis pueden presentarse cuadros comparables al “delirium tremens” del alcohol.

Algunos adictos consumen esta sustancia junto con otras como alcohol, café o anfetaminas, llegando a situaciones de perturbación psíquica y física muy importantes y afectando muy notoriamente el autocontrol.

La dependencia emerge después de varios meses de haber ingerido dosis diarias, a pesar de que depende del tipo de barbitúrico. El consumo continuado durante años llega a modificar la personalidad, transformándola en más irritable, depresiva, y comporta pérdida de memoria y concentración. Con el tiempo los síntomas van instalándose en el sujeto pudiendo quedar una obnubilación mental permanente. En fases muy avanzadas emergen crisis crepusculares, desorientación y alucinaciones que remiten en varios días tras disminuir o dejar el consumo sin embargo que pueden extenderse hasta dos meses.

Vía | Drogas Chile

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