Las conductas adictivas, en especial las intravenosas, se han transformado en una de las patologías emergentes de mayor impacto personal y social de las últimas décadas, especialmente para las poblaciones urbanas jóvenes. Mientras otras enfermedades están siendo fuertemente abordadas por la investigación científica, con excelentes resultados tanto en la curación como en la calidad de vida alcanzada, la dependencia de sustancias psicotrópicas no corre la misma suerte.
Una de las causas que parece aclarar esa situación la resistencia social a considerar a las adicciones como verdaderas enfermedades. En efecto, tanto el alcoholismo como la dependencia de psicofármacos, marihuana y drogas intravenosas tienen en la comunidad la imagen de “vicio” o “mal hábito”, y no de una verdadera patología. Esto se refleja en la insuficiente respuesta que esa comunidad da al conflicto desde los estratos científicos y los responsables de la salud.